No. Ahora en serio. Los que os reís de la gente que hace
lo de la naranja con el test de antígenos os estáis perdiendo la
vida.
Tanto stori y tanta historia con que si la creatividad
y que si el niño interior y en cuanto vemos a alguien poniéndolo en
práctica le escupimos con desprecio y superioridad.
Aquello de
cuidar al niño interior no iba de subir una foto haciendo el tonto
con tu sobrino y alardear de que todavía disfrutas de según qué
dibujos animados. Ni mucho menos burlarse del friki de la clase. Se
ve que a algunos niños interiores les falta tanta empatía como a
sus adultos.
El mérito está en conseguir mantener la
ilusión, el sentido del misterio y la curiosidad en un mundo
hipersaturado de sobreinformación. No deberíamos perseguir a los
que experimentan con tests, mascarillas, nieve o efectos visuales.
Deberíamos admirarlos e invitarlos a nuestras fiestas de cumpleaños.
Y si las restricciones no lo permiten, como mínimo, y espero
que no suene demasiado loco... Permitirles la existencia.
No
es ironía. Parece que se pueda hablar de cualquier forma de ellos
sólo porque “resultan peligrosos para la sociedad”. No. No
resultan peligrosos.
Un tipo que se pregunta si igual le están
tangando con los test de antígenos o con la forma de la tierra no es
peligroso. No todos los “conspiranoicos” asaltan capitolios;
algunos conducen autobuses, cocinan menús del día, vigilan
parkings, venden flores en el cementerio, arreglan ascensores, te
traen tu paquetito de Amazon o le dan curro al pasmao de tu primo. No
es una cuestión de “los buenos y los Migueles Bosé”.
Da
igual si tú estás por la buena causa. Ninguna buena causa está
exenta de malos seguidores. Seguidores que se olvidan que los que
están en la trinchera de enfrente también son personas.
Te pongas como te pongas, una de las cosas que más hace la ciencia es equivocarse. Por eso los científicos no la defienden a través de la fé. Eso lo hacen los cruzados de Twitter.
No
se puede estar en las redes sociales compartiendo infografías sobre
la salud mental y la importancia del respeto y la convivencia y luego
perseguir con antorchas prendidas de superioridad intelectual a
cualquiera que se salga un poco de ciertas ideas preconsensuadas. Del
mismo modo que tampoco está bonito pregonar en contra de los
terrores y peligros del bullying y luego gritarle “carapolla” a
tu alcalde.
Lo que tal vez algún día se hubiera hecho en
nombre de Zeus, de Odín, de Cristo o del octavo nieto de un señor
con corona, ahora se hace en nombre de “la verdad”.
El único
problema es que hemos perdido lo único bueno que tenían las
religiones: El amor.
Lo importante en la vida no es tener todos
los fact checks al día, es tratar bien al resto de las personas.
Al
final del día, la vida de ninguno de los enfervorecidos cruzados de
la verdad cambiaría lo más mínimo si mañana resulta que la tierra
es plana o que en las vacunas hay nanochips.
Todavía hubo
gente que celebró cuando Mike Hughes perdió la vida estrellándose
en su cohete casero al tratar de demostrar que la tierra es plana.
Equivocado o no, era una vida humana. Equivocado o no, supo construir
un cohete. Ve tú y construye un cohete. Ve.
Saberse de
memoria el resultado de una ecuación no significa saber matemáticas,
y si coges a cualquier Antonio y le pides que te demuestre que la
tierra no es plana, igual hasta parece más tonto que Mike Hughes.
Del mismo modo todavía hay gente a la que se le llenan los muros de
odas a la justicia poética cuando un antivacunas muere por Covid o
cuando un toro mata a un torero. A lo mejor con tanta información y
tanto progreso a alguno se le ha olvidado que lo más importante es
la vida y no el tener razón. Gente que está en contra de la pena de
muerte a menos que el muerto la merezca.
Yo de vez en cuando
compruebo a ver si puedo mover objetos con la mente, creo que todos
los italianos son gays en secreto y vivo más feliz que sin hacerlo.
Humíllenme.
Mariano Rajoy no sabía muy bien como iba eso de
que cayera agua del cielo y le hicimos presidente de nuestro país.
Nada mal.
Una cosa es estar “a favor de la ciencia” y otra
convertirse en el niño pequeño que ha descubierto demasiado pronto
el secreto de los Reyes Magos y decide chinchar al resto de su clase
y reventarles las Navidades.
Atención a la cursilada: A lo
mejor el hombre está hecho de agua y de fantasía, y del mismo modo
que nuestros cuerpos buscan el mar, los ríos, las aguas, nuestros
corazones anhelan el reino infinito de posibilidades que flota sobre
las nubes de la desinformación.
Pues a lo mejor es más
divertido ser un cursi iletrado que un cínico pinchaglobos.
Estos últimos no construyen cohetes.
Yo a mi fiesta de
cumpleaños voy a invitar a todos los cursis tontos y risueños, ya
nos veréis con la guardia civil en las Noticias de Antena 3.
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