Que
Rafael Nadal es un agente secreto al servicio de la Casa Real
Española resulta cada vez más difícil de discutir. ¿Se acuerdan
de todas las veces que han escuchado aquello de “la mejor forma de
esconder algo es dejarlo a plena vista”? ¿A qué creían que se
refería eso? Se refería a Rafael Nadal.
Esto no va de que
Rafa tenga Covid o deje de tenerlo. Esa cuestión es simple y va a
parte, da tiempo de comentarla: Los
españoles tenemos a Rafa, Rafa tiene Covid, ergo: los españoles
tenemos Covid.
Lo que las autoridades políticas han fallado en ocultar es que
resulta que ellos están ya más cansados del temita que nosotros,
así que en esta ola van a pasar un poco. Han decidido que por su parte ya
estaría, y que lo que van a hacer es salir cada día y decir que la
cosa no está bien porque bien no está, que hay nosecuántos casos –
y dirán una cifra de infectados – a la que fácilmente podría
llegar uno por su cuenta calculando amiguetes, primos, compañeros de
trabajo y exparejas.
Los gobiernos son ahora mismo un
monitor de pasillo del Titanic advirtiendo a la gente de que tenga
cuidado que el agua está fría, cuando medio barco anda ya tocando
fondo oceánico.
Ya sólo podemos confiar en Pablo Motos. Lo ha dicho hasta
él.
Ahora volvamos a lo interesante. Lo de que Rafa Nadal
es indudablemente un agente secreto a las órdenes de su majestad
Felipe el Enjaleado. Cuidado, es secreto, no digo que Rafa lo sepa,
digo que lo es. No me sorprendería que en su encuentro con el borbón
disfrutón hubiera intercedido algún coordinador de protocolo para
explicarle al tenista que es
de mala educación no toserle en la cara a alguien que ha ido a verte
jugar, si la nuca de ese alguien ha sostenido corona.
Por suerte y de momento, Rafa
Nadal se ha librado de convertirse en el regicida más famoso del
mundo del Tenis.
No se cual era el plan, pero el fin más inmediato pasaba por evitar
que papá estropeara la función de Navidad del hijo volviendo a casa
así como así, como si la vida fuera un anuncio de turrones, oiga.
Bueno, esto ha salido bien. Yo vivo en Malasaña y desde aquí he
podido escuchar el suspiro de alivio que ha dado Felipe desde el
Pardo.
Tampoco podemos culpar al hombre. A parte de difícil, la vida de un rey debe ser de lo más solitaria. Y aunque todo hijo de vecino experimenta la soledad de algún modo, en lo de no ser reyes estamos todos juntos. Además, en eso de monarquear no es lo único en lo que está solo. Felipe es también el único hijo de el mundo que en Navidad, lo que quiere es que su padre no llegue a tiempo para la función que se ha estado preparando el resto del año.
Cualquiera podría decir – YO NO - que el objetivo
último era que el señor ese del que usted me habla no pudiera
volver ni a España ni a ningún sitio, nunca. Si no, ¿Por qué
enviar a la única persona del país a la que le perdonaríamos
cualquier cosa? Para dejar al hombre 10 días entre sentado y tumbado
hubiera
bastado con enviar algún ministro a que le pasara un imán muy
grande por el cuerpo, para revolver un poco ese esqueleto.
No es un plan tan sutil y elegante, pero en lo que va de legislatura
hemos visto ideas peores. A estas alturas de mandato ya han debido de
recibir varias veces la oferta de ACME como sponsor oficial del
estado.
El caso es que Rafa lo ha vuelto a hacer. A vuelto,
a su manera, a velar por los intereses de la patria. Y uno se acuesta
y se levanta más tranquilo y más patriótico sabiendo que contamos
con nuestro propio Mata Hari. Rafa Hari.
Por cierto, ¿De
qué hablarían el campeón del mundo y el campeón de la transición
cuando se juntaron? Yo ese podcast no me lo perdería. Si al uno se
le acaba lo del Tenis y no cuaja lo del espionaje, y al otro no
termina de salirle lo de... Bueno, eso... Lo de borbonear... Yo creo
que deberían plantearse ese proyecto conjunto. Dicen que Juan Car
dice que se arrepiente de haber abdicado. Yo, si fuera él, aprovecharía esta oportunidad para obligar a las de “Estirando el
Chicle” a que abdiquen su incuestionable corona del reino del
entretenimiento en él. En él y en Rafa. Próximamente en “Juego,
Rey y Partido”.
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