Estos días ha habido cierto
revuelo y revuelo es la palabra. Primero entre las cotorras de Madrid
porque las estaban matando a tiros y luego entre los defensores de la
dignidad de las cotorras de Madrid porque ¡Las están matando a
tiros!
Una señora vio a otros dos señores, bien tapaditos y
discretos por el parque. Pero, ay, algo desentonaba... La señora se
dio cuenta de que llevaban escopetas e hizo lo que cualquier buen
ciudadano con dos dedos de frente haría si ve a dos hombres
encapuchados pegando escopetazos en un lugar público: Grabarse con
el móvil persiguiéndoles y gritándoles. En cierto momento del
video, entre gritos, la señora agarra el cadáver de una cotorra y lo
zarandea frente a la cámara de su móvil, como un muñeco de trapo, para protestar por la dignidad herida del animal y, si uno se fija
mucho, hasta se puede ver a uno de los cazadores comprobando el
contrato para ver dónde está trazada exactamente la línea entre
lo que pueden disparar y lo que no.
A mí, personalmente, me
gustaba más cuando hacían lo de soltar halcones, como para dejar que
la naturaleza resuelva sus propios problemas con un poco de ayudita
nuestra. Aunque en un principio no veo dónde falla la ecuación de
la dignidad, tal vez tenga algo que ver con esto. Pájaro contra
pájaro, bien. Pero arma de fuego contra pájaro... Supongo que la
señora y todos los que se han hecho eco de la noticia estarían más
contentos si al menos le diéramos pistolillas a las cotorras para
equilibrar la disputa.
Uno, como no tiene por qué, no está ya a
favor ni en contra de nada, pero como eso deja mucho tiempo libre,
piensa cosas y se hace preguntas. ¿Puede ser que las armas de los
humanos, entonces, sean sólo para disparar otros humanos? Los de
Pacma, que piensan mucho pero no se hacen muchas preguntas lo tienen
claro: La solución es esterilizar a las cotorras. Hay que tener en
cuenta que a Pacma no le iría mucho mejor ni aunque los animales
pudieran votar. Ponte tú a esterilizar más de 11 mil cotorras y
convéncete de que eso es tan digno y ético para el animal como
cortarle los huevos a tu perro para que no de por culo en el parque. Hay algún iluminado con la suerte de que nadie le escuche que ha propuesto que resolvamos el problema de la plaga con sonrisas.
Las cotorras vienen de Argentina o algo así, son una plaga, una
especie invasora, desestabilizan el ecosistema, y lo peor de todo:
Son requetemolestas. Algo había que hacer. Lo que ha hecho el
guardián del verde, el centinela del bosque, el cancerbero del
eco-equilibrio madrileño, patrón de la vegetación, José Luís
Martínez-Almeida, ha sido pasar este año de halcones e historias y
gastarse 3 millones de euros en que vayan ahí unos amigos suyos,
tipos de confianza, a pegar cuatro tiros bien pegaos. Así que la
gente se molesta porque no entiende nada, hace storis en instagram
reivindicando la dignidad de la cotorra y si tuvieran iglesia les
dedicaban una misa.
Yo no puedo dejar de pensar que en cualquier tiempo anterior en cualquier otro lugar, la polémica hubiera sido ¿Por qué gastarse 3 millones en ná si tenemos por aquí rifles y pistolones como para vaciar un bosque y ganas como cualquier otro de salir a reestablecer el equilibrio de la biodiversidad y el ecosistema y esas cosas de hippies pegando unos cuantos tiros? ¿A quién no le gusta una buena cacería española del s.XIV, con sus piums y sus paums? Esa noche se cenaría pollo. Dos cotorras de un tiro.
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