A la derecha esto le
entra raro porque el ministro ya ha puesto a Sánchez en más bretes
que toda la oposición junta. Natural que el PP esté
desconcertado y alborotado, el gobierno gobierna y a la vez se hace
mejor oposición que ellos. Piden la dimisión del ministro y cruzan los dedos para que no ocurra mientras se piden otra cervecita.
Por su lado, la izquierda es una
feria y tienen una barraca con el juego “Desautoriza a Garzón”.
Sólo se resisten a participar los cuatro hippies más hippies, porque siempre han
estado en contra de aquello del maltrato ministerial. Y aunque Sánchez atine
menos que Luis Puchades ( el de agricultura), el perrito piloto
siempre es para el presi.
Bien. Si lo que queréis es
información contrastada sobre el debate en torno a la ganadería intensiva y las formas de producción, siento decepcionaros. Yo de lo
que quiero hablar es del peligro de las fábulas.
Hace no
mucho tiempo, Alberto Garzón le robaba a Zapatero el record de
diputado más joven en entrar en el Congreso, tiraba de la fábula
del escorpión y la rana para sacarle los colores al ministro Montoro
y usaba Twitter para recomendar el último disco de Robe.
Ahora te dice, con no mucho salero, que ojjillo cuidao' con la carme, convoca huelgas
de juguetes, te explica como saber que un roscón de reyes es de "nata, nata" ( Tiene que poner “nata” en la caja) y participa en la
descarnada competición entre su Ministerio y el de Montero para ver
cuál de los dos hace más el ridículo.
https://twitter.com/consumogob/status/1472891533246570498
Antes tenía postura gallarda, ritmillo, y su mirada juvenil
destelleaba lozanía, futuro y republicanismo del chulo. Del que le
mola a los chavales. Ahora tiene la cara hinchada y se dedica a
hinchársela a los demás.
Tiene la mirada alelada y distante,
como siempre testigo del bochornoso baile de Tik Tok que le ha tocado
interpretar a la izquierda para que no les echasen de la fiesta de la
democracia. Se le ha puesto cara rana.
Una vez Rajoy
le dijo a Luís Bárcenas “Luis se fuerte.” y otra vez le dio una colleja a su hijo. Si Padre Sánchez, que no es tan campechano pero
tiene buen bíceps, no le da una colleja fuerte al pequeño Garzón es para que no le regañe Mamá Yolanda. Pero no traga con disimular las ganas.
Tiene mérito que haya aguantado su cartera ministerial más que un
señor que había estado por la luna, siendo que él todavía no ha
bajado.
Pero no toda la culpa de Alberto Garzón es de
Alberto Garzón. Cuando él era guapete y prometedor, también el
debate político y social era algo un poco mas profundo que una
discusión de barra de bar. Ahora para ser un buen político de
izquierdas lo importante no es el proyecto político. Lo
importante es caerles guay a los de “Buenismo Bien” y a Samantha
Hudson. Y caerle mal a Pablo Motos y Bertín Olé-Osborne.
La gente ya no
lee programas electorales, o ve el Hormiguero o se conecta a Twitch.
Por algún motivo, que el hombre tenga razón o no, parece ser irrelevante. Por si a caso se asume que no la tiene, y así puede uno contestar
en automático, casi mordiéndose un nudillo: “¿¡Que qué ha
dicho ese comunista sobre mi país!?”
Entre payasada y
payasada, el señor ministro se convierte a veces en algo que nos da
mucha rabia a todos: Un tonto con razón.
El césped luce siempre más verde en el jardín del vecino y por eso
Alberto Garzón se le pone como esa energía de celosa insatisfacción
y se va a The Guardian a ver si le celebran alguna los ingleses. El otro
día una ministra de Australia salió por la tele para decir que en
su país no tenían secuestrado a un tenista. Contra, claro, eso
parece mucho más divertido, y los australianos seguro que se dejan
decir cómo comer. Poor Albert.
Una rana ayuda a un escorpión a cruzar el río. A mitad de camino,
el escorpión pica a la rana y mueren los dos. Antes de morir la rana
le pregunta: “Por qué lo has hecho?” y el escorpión responde
“Es mi naturaleza”.
Poco le ha agradecido Alberto a Esopo
que le brindara tantas herramientas para la lucha verbal contra el
liberalismo salvaje. Y ahora la fábula se ha vuelto en su contra.
En aquella memorable intervención, Alberto explicaba de fábula
(guiño guiño) como Montoro era la rana que se dejaba picar por el
escorpión, que era el capitalismo, el banco central europeo, el libre mercado o algo
así. Y como la vida da muchas vueltas y sólo las fábulas
permanecen, ahora Garzón es la rana y el escorpión es el
progresismo cuqui.
No se qué le deparará el futuro a la
rana garzona, ni a la izquierda en general en las próximas
elecciones. Pero me se más fábulas.
Si eres de
izquierdas quieres que la tortuga gane la carrera, vale. Pero para
que pase eso, Ayuso aún tiene que quedarse dormida.
Yo, entretanto, agradecido por tal entretenimiento, señor menestro.
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